La Boca es un
barrio de contrastes de todo tipo: de colores, de arquitecturas, de
instituciones, y mas profundamente hablando de importantes contrastes de tipo
cultural y social.
Es muy interesante como un barrio tan clásico y pintoresco se encuentra en
una zona de conflicto social, donde los turistas que frecuentan diariamente
Caminito, deben respetar la zona segura y vigilada por prefectura, quedando en
peligro en caso de caminar por las calles interiores del barrio.
Bajo lo que queda del antiguo puente Avellaneda y aromatizada por el
penetrante olor del riachuelo, la vuelta de Rocha se presenta como una obra de
arte en plena calle, como algo montado especialmente, como un set de filmación
al alcance de todos, en el que convivimos con muñecos y una extensa fauna
extranjera de todas partes del mundo. Obviamente, ni siquiera podemos verlos,
pero también están ahí, los vecinos del barrio, los que viven ahí.
Al entrar a PROA, la historia cambia un poco. Si bien no fue pensado como un
espacio de arte, si se pensó el modo de integrarlo a esa pobreza de su entorno.
En cuanto a la materialidad, no solo mediante el uso de chapa y madera como el
barrio que lo aloja, si no también con grandes zonas vidriadas que generan una
convivencia entre el exterior y el interior. Ver por esas ventanas, era como
ver una fotografía viva, de una realidad muy lejana, que solo estaba a una
pared de distancia.
Así es como se mantiene en todo momento durante la propuesta el recuerdo
latente de lo recorrido para llegar a la muestra. Aires de Lyon, la que nos
ofrece una relación estrecha entre nuestro país y Brasil con situaciones de
arte que nos proponían otra forma de vivir las obras: metiéndonos adentro,
pisándolas, imaginando la multiplicidad de significados que podían adoptar.
En cuanto a sensaciones, entré a la exposición, pensando en que realmente
era muy extraño entrar a un espacio así luego de recorrer la realidad que había
visto unas cuadras antes, y toda la realidad aún mas cruda que me imaginé que
había detrás de todo ese escenario.
Por otra parte me había marcado mucho una frase del texto de Georges Didi-Huberman:
"Una exposición no debe tratar de tomar el poder sobre los espectadores,
sino proporcionar recursos que incrementen la potencia del pensamiento". En
ese momento todas esas sensaciones y pensamientos los ví plasmados en dos de
las obras de Augusto de Campos: fue muy interesante como esa ausencia y esa
proximidad al estallido que había sentido afuera, volvían a mi con mensajes
claros, desde el contenido visual y desde lo textual, pero esta vez de un brasilero. Pensé que ambas obras sin duda deberían
estar afuera de la exposición, potenciando esa máquina de guerra, e invitando a
pensar y a tomar conciencia a todos, de como desde la obra de un artista que ni
siquiera es de nuestro país, en unas pocas palabras dispuestas
estratégicamente, nos contaban la situación de las personas de un barrio de
mentira, presente en todos los mapas turísticos y ausente en todos los mapas de
ayuda y conciencia.


V.
ResponderEliminarCreo que sería interesante comenzar los trabajos con un análisis de la relación entre los textos y las obras. Al dejar el texto para el final toda la primera parte aparece un tanto descriptiva (contar lo que se vio) y poco analítica en términos conceptuales.
Lo interesante es poder discutir con los textos, plantear problemas y, fundamentalmente, ver cómo esos textos me ayudan a analizar mi propia producción. En ese sentido, es fundamental hacerse prguntas sobre los formas que uno utiliza para componer una foto, por ejemplo, y cómo esa foto dialoga con el resto del trabajo.
Quizás sea más productivo ir incoporando las fotos en e medio del ensayo escrito y no ponerlas al principio y al final.
Sebastián.