El
miércoles fue mi primera experiencia como “flâneur”, y como tal, me desafiaron a
comprender, participar y retratar la ciudad, mas particularmente, la
emblemática Plaza de Mayo y el Museo del Bicentenario.
Al ser un lugar que,
por las ocupaciones diarias, frecuento habitualmente, en un primer momento no
me sentí demasiado entusiasmada con la idea, pero al llegar y proponerme
comprender el lugar, entendí que de alguna manera nunca había estado antes ahí.
Nunca había estado, claramente, en referencia a que solamente y casi a diario,
me había dedicado a cruzar la plaza sin siquiera observar lo que sucedía en
ella.
Me pareció, en concordancia con esa idea de embalsamamiento que
proponía André Bazin, en el texto “Ontología de la Imagen Fotográfica”,
que esta imagen tomada con una cámara digital, dejaban muy claramente plasmados
en los escasos 10 x 15 cm
de una fotografía que hay varias realidades que se van superponiendo en este
lugar clave de la ciudad.
Si bien es una plaza argentina, una de las actividades que me
resultaron mas extrañas en ese entorno, fueron un padre y su hijo que se
encontraban jugando a la pelota en plena plaza de mayo, esquivando transeúntes,
trabajadores, vendedores, turistas, etc.
Me marcó mucho esta imagen y no se me fue de la mente, mientras
recorrimos los otros lugares de la zona, donde ese espíritu lúdico del juego ya
había desaparecido.
Del otro lado de la casa hay otra realidad, otra representación, mas
compleja que ese padre. El museo del Bicentenario, ubicado en la ex aduana
Taylor que tiene una visión del contrafrente de la casa rosada. En una de las
propuestas del interior de este museo, volví a recordar ese momento de padre e
hijo al ver una presentación de un “loop” de imágenes de cómo fue modificándose
la ciudad de Buenos Aires desde su fundación hasta la actualidad y entendí que
cada una de las cosas que suceden en mi imagen, están cargadas de significado y
cómo aparecen una innumerable cantidad de contrastes que a simple vista no se
ven.
Seguramente el nene que juega a la pelota ni siquiera sabe leer y ni se
imagina que su arco en realidad es un vallado que divide fuertemente la plaza
en dos, y que además en este caso es un vallado transformado en un pedido desesperado
de ayuda de un club de barrio, para no desaparecer. Un pedido desesperado a un
gobierno que trabaja dentro de la enorme casa rosada que aparece en el fondo
bajo la bandera argentina. De todas maneras, ahí está de fondo sin mucho que
decir.
Afuera del museo, me encontré un grupo de abuelas que estaba
visitándolo y que decidieron “momificar” ese momento, esa visita que hicieron,
tomándose una foto todas juntas. En el momento me llamó la atención, y hasta me
pareció un poco gracioso, por lo que yo también lo registre, casi
automáticamente sin pensar demasiado.
Más tarde cuando revise lo registrado, logré darme cuenta que dentro de
la fotografía de las abuelas, no llegaban a aparecer ni el techo del museo ni
el contrafrente de la casa rosada y volví sobre la foto del nene y su papá y la
casa rosada estaba ahí de fondo, pero realmente no parecía tener mucha
influencia.
De esta manera, analizando ambas situaciones y pensando también en
todas las personas que frecuentan la plaza todos los días, entendí que este lugar
significa mucho mas por lo que recordamos de ella que el valor puntual que le
damos a lo que encontramos actualmente allí.
V.
ResponderEliminarEs muy interesante la reflexión del párrafo final. La relación entre la memoria y el registro de esa memoria. Eso podría analizarse desde Flusser y su concepción de la imaginación.
De todos modos, todavía falta dar un cierre conceptual al análisis de tus fotografías. No alcanza con decir que se trata de la momificación de un instante. Más bien habría que empezar a poner en crisis esa relación entre la imagen y la representación del espacio urbano. Sobre todo teniendo en cuenta que la primera foto se puede pensar desde el encuadre, la relación figura-fondo, la profundidad de campo, etc. Quizás solo esa imagen puede constituir la totalida del trabajo, en conjunción con desarrollo de lo esbozado en el último párrafo.
Sebastián.