domingo, 15 de abril de 2012

Teatro San Martín - Galeria Ignacio Liprandi


Un nuevo miércoles, una nueva propuesta.
Volví a recorrer un lugar al que había ido varias veces, y nuevamente, vi cosas que no había tenido en cuenta, como si no hubieran estado en otras oportunidades, pero con la certeza que si lo estaban.

El Teatro y Centro Cultural San Martín, es un edificio emblemático de la calle Corrientes, que comenzó muy relacionado a las artes escénicas y lentamente fue mutando a un lugar que reúne a todas las artes visuales.

En esta oportunidad, pudimos observar dos muestras fotográficas bien diferenciadas: “Bien de Familia” de María José D’amico y otra “Cortázar - Perec en imágenes”. Desde el vamos las dos presentan una diferente propuesta, la primera mas intima, apartada en un salón y la segunda en un pasillo, en un segundo piso, que se puede ver desde la misma entrada del teatro.

Si bien ambas muestras eran completamente distintas desde el punto de vista visual, ambas tenían una conexión, ya que las dos funcionaban como propone Dubois: “una copia fiel del mundo, un espejo de lo real”, pero al mismo tiempo también funcionaban como una transformación de esa realidad, ya que previo a la toma de la fotografía hubo un sujeto que tomo una serie de decisiones para que, se leyeran claramente ciertos significados, y otros haya que imaginarlos o completarlos con las competencias propias de cada espectador, mediante el carácter indicial.  

En ambos casos, es muy interesante la ausencia total de textos explicativos, o de anclaje bajo cada fotografía lo que permite que cada uno vaya armando sus propias relaciones y diálogos entre las piezas, aportandole a ese primer carácter indicial  un carácter simbolico.

Luego, salimos caminando por Paraná hasta la Galeria Ignacio Liprandi, un lugar mágico del barrio de Congreso que poco tiene que ver con el barrio en sí, mas alla de tener una de las vistas mas hermosas del Congreso de la Nación.

En el tercer piso de un edificio por demás extraño, desde su arquitectura y detalles. En su interior una propuesta por demás vanguardista e innovadora de José Alejandro Restrepo, con la ausencia de lienzos, que fueron suplantados por proyecciones en video y pantallas para ver distintas propuestas en video y fotografías intervenidas, donde esos sucesos reales son traducidos en escenas, tal como lo propone Fluser “utilizando nuestra magia (imaginación) para construir el sentido”.

En todos los casos del recorrido hubo una selección del autor en cuanto al método utilizado para exhibir su obra, que le aporta una carga simbólica y la posibilidad de reconstruir el sentido, motivo por el que, probablemente, mediante otro medio maquínico, esta cambiaría o perdería totalmente, el sentido original.


Plaza de Mayo – Museo del Bicentenario.



El miércoles fue mi primera experiencia como “flâneur”, y como tal, me desafiaron a comprender, participar y retratar la ciudad, mas particularmente, la emblemática Plaza de Mayo y el Museo del Bicentenario.  
Al ser un lugar que, por las ocupaciones diarias, frecuento habitualmente, en un primer momento no me sentí demasiado entusiasmada con la idea, pero al llegar y proponerme comprender el lugar, entendí que de alguna manera nunca había estado antes ahí. Nunca había estado, claramente, en referencia a que solamente y casi a diario, me había dedicado a cruzar la plaza sin siquiera observar lo que sucedía en ella.

Me pareció, en concordancia con esa idea de embalsamamiento que proponía André Bazin, en el texto “Ontología de la Imagen Fotográfica”, que esta imagen tomada con una cámara digital, dejaban muy claramente plasmados en los escasos 10 x 15 cm de una fotografía que hay varias realidades que se van superponiendo en este lugar clave de la ciudad.

Si bien es una plaza argentina, una de las actividades que me resultaron mas extrañas en ese entorno, fueron un padre y su hijo que se encontraban jugando a la pelota en plena plaza de mayo, esquivando transeúntes, trabajadores, vendedores, turistas, etc.

Me marcó mucho esta imagen y no se me fue de la mente, mientras recorrimos los otros lugares de la zona, donde ese espíritu lúdico del juego ya había desaparecido.

Del otro lado de la casa hay otra realidad, otra representación, mas compleja que ese padre. El museo del Bicentenario, ubicado en la ex aduana Taylor que tiene una visión del contrafrente de la casa rosada. En una de las propuestas del interior de este museo, volví a recordar ese momento de padre e hijo al ver una presentación de un “loop” de imágenes de cómo fue modificándose la ciudad de Buenos Aires desde su fundación hasta la actualidad y entendí que cada una de las cosas que suceden en mi imagen, están cargadas de significado y cómo aparecen una innumerable cantidad de contrastes que a simple vista no se ven.

Seguramente el nene que juega a la pelota ni siquiera sabe leer y ni se imagina que su arco en realidad es un vallado que divide fuertemente la plaza en dos, y que además en este caso es un vallado transformado en un pedido desesperado de ayuda de un club de barrio, para no desaparecer. Un pedido desesperado a un gobierno que trabaja dentro de la enorme casa rosada que aparece en el fondo bajo la bandera argentina. De todas maneras, ahí está de fondo sin mucho que decir.

Afuera del museo, me encontré un grupo de abuelas que estaba visitándolo y que decidieron “momificar” ese momento, esa visita que hicieron, tomándose una foto todas juntas. En el momento me llamó la atención, y hasta me pareció un poco gracioso, por lo que yo también lo registre, casi automáticamente sin pensar demasiado.

Más tarde cuando revise lo registrado, logré darme cuenta que dentro de la fotografía de las abuelas, no llegaban a aparecer ni el techo del museo ni el contrafrente de la casa rosada y volví sobre la foto del nene y su papá y la casa rosada estaba ahí de fondo, pero realmente no parecía tener mucha influencia.

De esta manera, analizando ambas situaciones y pensando también en todas las personas que frecuentan la plaza todos los días, entendí que este lugar significa mucho mas por lo que recordamos de ella que el valor puntual que le damos a lo que encontramos actualmente allí.