Todo para la vista.. Nada para el oído.
Es una frase que utiliza Baudelaire para desarrollar la fascinación que ejerce la ciudad sobre el individuo. Particularmente, tanto el Museo Nacional de
Bellas Artes como los lugares que lo rodean, son una verdadera fiesta para los ojos: Se encuentran a muy pocos metros de distancia algunos de los parques
mas bellos de la ciudad, el Museo Nacional de Bellas Artes, que alberga las obras mas importantes del patrimonio pictórico de nuestro país, así como
grandes obras de famosos pintores europeos y del mundo, y alejandonos un poco, la Biblioteca Nacional, la facultad de derecho y la controvertida Gran Flor
de la plaza de las Naciones Unidas.
Belleza por donde uno mire. Volviendo a esta idea de "todo para la vista, nada para el oído", me resultó interesante la frase al entrar a Bellas Artes,
donde el silencio envuelve lentamente a los visitantes al deambular por su interior, mientras que los ojos están en su máximo apojeo recibiendo estímulos de
todo tipo. La muestra Claridad, me resultó interesante en mi análisis, ya que se inscribe en un contexto histórico de aumento del tamaño y población de la
ciudad, por la inmigración, así como debieron publicar obras impresas, visulaes, cinematográficas y fotográficas, para lograr una integración cultural con
los recién llegados.
De todas maneras no me interesaba tanto lo que sucedía dentro del museo como lo que sucedía alrededor de este, en el exterior.
La zona es un lugar de paso, las avenidas Figueroa Alcorta y Libertador, son atravesadas constantemente por una caravana interminable de coches que van y vienen. Retomando aquella visita a Plaza de Mayo, me interesó mucho como esos grandes lugares de "culto" y funtamentales para la cultura de nuestro país eran olvidados por las actividades y la velocidad del día a día. Es decir, no solo olvidamos que allí se encuentra la mas rica biblioteca de la Nación, sino también, el museo mas importante.
En este caso mucho mas destacable la indiferencia del Museo Nacional de Bellas Artes: muchos ni fueron y aún muchos mas ignoran la calidad y nivel de las piezas que se encuentran dentro. El museo y su riqueza, se desdibuja y olvida.
Es por eso que tomando en cuenta estas cuestiones, mas me sumergía en el texto de Orejudo y en el flaneur de la calle de Baudelaire, en contraposición del flaneur del coche de LeCorbusier. Sobre todo me pasó al cruzar el puente, que es cuando pude llegar a la conclusión que es mucho mas interesante el de Baudelaire, ya que tiene la posibilidad de observar todas las cosas que el otro apurado, olvida y desdibuja del propio entorno.
También relacioné el museo con el flaneur de Baudelaire, ya que este es quien "convierte su propio viaje en una obra de arte", y es una obra de arte "que no es eterna e inmutable, sino la belleza fugáz y fragmentada que escapa al control de la sociedad burguesa".
Por último, y para concluír me resultó interesante la idea de Benjamin donde analiza la modernidad de Baudelaire como "una alegoría de la muerte. La ciudad moderna significa la muerte de la identidad y el nacimiento de lo fragmentario y lo inacabado". Que interesante como es exactamente lo que hablabamos, de la muerte de la identidad, del olvido de nuestra cultura nacional, y como parece mas interesante el momento que se vive, el llegar a trabajar, y mañana dios dirá.